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Motilla del Azuer

Este yacimiento arqueológico acumula más de 4.000 años de historia siendo, sin lugar a dudas el mejor ejemplo de la prehistoria manchega, donde se ha descubierto el pozo más antiguo de la Península Ibérica.


¿Cómo era la vida en La Mancha hace más de 4.000 años? El yacimiento arqueológico de la Motilla del Azuer, situado a 11 km. de Daimiel, nos permite trasladarnos a aquella época y conocer a los primeros pobladores manchegos.

Las motillas son asentamientos fortificados situados en zonas llanas y cerca de ríos o humedales. En la actualidad se conocen más de 20 de los que sólo se ha excavado de manera sistemática el de la Motilla del Azuer. Los trabajos de campo se iniciaron en 1973 por arqueólogos de la Universidad de Granada. Hoy siguen las excavaciones que se compaginan con la puesta en valor del yacimiento para poder visitarlo en un futuro cercano.

Estuvo ocupada durante la Edad del Bronce (2200-1500 a. de C.) y es un claro ejemplo del tipo de construcciones que se hacían en esos momentos en la zona. Está integrada por un núcleo central formado por una torre y varios recintos amurallados con un sistema de circulación interna a través de pasillos que le da un aspecto laberíntico al monumento. En la parte oriental, estaría la zona de patio con un pozo que alcanzaría la capa freática. Eran tiempos en los que la sequía ya suponía un problema para los manchegos y había que buscar soluciones. Hasta la fecha es el pozo más antiguo conocido de la Península Ibérica, según algunos investigadores.

Grupos de no más de cien personas vivían en casas de piedra y barro con cubierta vegetal al exterior de la fortificación. La distribución de la necrópolis coincide con el área de ubicación de las casas. Se encontraban representados tanto hombres como mujeres y todos los segmentos de edad.

Las motillas tenían una importante función de control y gestión del territorio y sus recursos económicos. En el interior de la fortificación se realizaron varias actividades como el control del agua y el almacenamiento de cereal. De igual forma otros espacios internos se utilizaron como establos para ovejas, cabras o cerdos y otros para la producción de cerámica.

Su economía se basó en la agricultura y, en especial, el cultivo de cereales. Las principales especies cultivadas eran el trigo común y, en menor medida, la cebada y la escanda. Estos cultivos se complementaban con hortalizas y leguminosas. La cría de animales, sobre todo ovejas y cabras, supuso también una base importante en la economía de esta población.  Se ha constatado la fundición del metal para la fabricación de objetos.

 

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