Un concierto especial junto al virtuoso de la corneta cofrade, en una celebración que "quiere ser memoria, orgullo y, sobre todo, agradecimiento para nuestro pueblo", como expresó uno de sus miembros y presentador del acto, Román Cejudo, recordando el carácter municipal y popular que ha acompañado a la banda desde su creación en 1936.
Daimiel Notcias.- La Banda Municipal de Música de Daimiel celebró sus 150 años de historia con un concierto muy especial junto al virtuoso de la corneta cofrade Dani de Baza. Una cita especial que reunió a casi medio millar de asistentes en el Pabellón Ferial y que, en palabras del miembro y presentador del acto, Román Cejudo, "quiere ser memoria, orgullo y, sobre todo, agradecimiento para nuestro pueblo", subrayando el espíritu municipal y popular que define a la banda desde su fundación en 1936.
Bajo la dirección actual de Pedro Francisco Sánchez-Valdepeñas Pozo, que cumple 25 años al mando de la batuta, la formación musical ha cambiado notablemente desde sus primeros días con Don Emilio Caballero al frente, quien inició su andadura con 40 músicos.
A lo largo de estos 150 años, han sido 24 directores quienes han guiado a la banda, "24 nombres que representan épocas distintas, sensibilidades diversas y un mismo compromiso y responsabilidad", como detalló Cejudo, quien también agradeció el apoyo del Ayuntamiento de Daimiel, así como la presencia de autoridades, como la del alcalde, Leopoldo Sierra, y otros miembros de la corporación. Sin duda, un legado que ha contribuido a engrandecer la agrupación, compuesta actualmente por 98 músicos de distintas generaciones, quienes durante casi dos horas ofrecieron un programa variado y de gran riqueza musical, combinando repertorio sinfónico y marchas procesionales.
El concierto contó con la participación especial de Dani de Baza, uno de los grandes referentes actuales de la corneta cofrade. Su intervención como solista, especialmente en Aroma de Abril y Dama de Baza, puso de relieve su expresividad y virtuosismo técnico, integrándose con naturalidad en la sonoridad de la banda manchega. Su presencia fue un auténtico privilegio para los amantes de la música cofrade y para todo el público, que pudo disfrutar de una propuesta artística capaz de respetar la tradición y, al mismo tiempo, abrir nuevas vías expresivas desde la creatividad y el talento del músico granadino.
El programa incluyó otras obras como Mesopotamia, Margot, Sanctum Lignum Crucis, La Esperanza de María o La Saeta, conformando un repertorio inolvidable para celebrar la efeméride, pero también la tradición y compromiso de esta agrupación con la música y con Daimiel.






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