La iglesia de Santa María la Mayor, abarrotada hasta el último rincón, acogió este sábado un pregón profundo, emotivo y muy conectado con la realidad actual y la identidad de Daimiel; un mensaje que caló hondo y logró poner en pie a todos los presentes que, al finalizar, llenaron el templo de aplausos en reconocimiento a la intervención de Sánchez de Pablo.
Daimiel Noticias. – La parroquia de Santa María se llenó por completo este sábado por la noche para asistir al pregón oficial de la Semana Santa daimieleña, responsabilidad que recayó en el Profesor Titular de Organización de Empresas en la Universidad de Castilla-La Mancha, Jesús David Sánchez de Pablo.
A las 20:30 horas comenzaba un acto que contó con la presencia de representantes de las diferentes hermandades y cofradías de pasión daimieleñas, así como del presidente de la Junta de Hermandades, Miguel Torres. Tampoco faltó el alcalde, Leopoldo Sierra, junto a la Corporación Municipal; el consiliario de la Junta de Hermandades, Jacinto Antonio Naharro, así como párrocos y sacerdotes de las parroquias de Daimiel, además de fieles, vecinos, familiares y amigos del que fuera portavoz municipal y concejal de Hacienda durante casi 9 años en el Ayuntamiento. Los bancos resultaron insuficientes y muchos asistentes siguieron el acto de pie en una iglesia que permaneció abarrotada hasta poco antes de las diez de la noche.
La velada arrancó con la intervención de la Banda Municipal de Música que dirige Pedro Francisco Sánchez-Valdepeñas, que en el año de su 150 aniversario interpretó las marchas procesionales más representativas de las cofradías y hermandades que tienen su sede canónica en Santa María. El Niño Perdido, Expiración, Capuchinos y Muerte y Resurrección fueron las piezas que prepararon el ambiente para un pregón que ya desde antes de comenzar se intuía especial.
A continuación, Juan Alberto Rodríguez-Peral, presidente de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad (los Corbatos) entre 2012 y 2020, fue el encargado de presentar al pregonero, trazando un perfil que combinó su sólida trayectoria académica y profesional con su compromiso público y su vinculación con Daimiel. Una persona, dijo, profundamente arraigada a su pueblo y a sus tradiciones.
Con ese contexto, Jesús David Sánchez de Pablo tomó la palabra para pronunciar un pregón de cerca de 45 minutos que destacó por su profundidad, su capacidad de reflexión y su cercanía. Su discurso giró en torno a una idea clara: la necesidad de mirar la Semana Santa no solo como memoria de lo ocurrido hace más de dos mil años, sino como una realidad viva que interpela al presente. A lo largo de su intervención, fue tejiendo un paralelismo constante entre la pasión, muerte y resurrección de Cristo y las situaciones que atraviesa el mundo actual, aludiendo a conflictos, desigualdades y tensiones que exigen una respuesta desde los valores cristianos.
El pregonero puso el acento en la esperanza como eje central del mensaje cristiano, reivindicando la resurrección no solo como un hecho histórico, sino como una experiencia cotidiana. “Tenemos que agarrarnos a la luz de la vida frente a la oscuridad”, señaló en uno de los momentos más destacados, para después profundizar en esa idea afirmando que “la resurrección es cada gesto que devuelve dignidad, un mensaje que llega a tiempo, un abrazo que reconcilia”. Frente al desánimo, defendió la necesidad de no rendirse y de ser capaces de encontrar esas pequeñas oportunidades que transforman la vida diaria.
Uno de los pasajes más emotivos llegó con su referencia al papel de las madres, a las que ensalzó como ejemplo de entrega, amor incondicional y sacrificio silencioso, estableciendo un paralelismo con el dolor de la Virgen. Un reconocimiento que conectó de forma directa con el público y que aportó al pregón una dimensión especialmente humana y cercana.
No faltó tampoco una mirada directa a la Semana Santa de Daimiel, a la que definió como una expresión colectiva que va más allá de las propias hermandades. Subrayó la importancia de la unidad, del trabajo conjunto y del papel de cada cofradía como pieza imprescindible de un todo que da sentido a la semana grande de la localidad. “Sigamos construyendo la hermandad de las hermandades”, apeló, insistiendo en la necesidad de fortalecer la comunidad y poner en valor a quienes “suman, construyen y aman sin condiciones”.
En ese recorrido, tres ideas atravesaron todo el pregón como un hilo conductor claro: el sacrificio, entendido no como carga sino como entrega generosa por los demás; la familia, como núcleo donde se transmiten los valores, las tradiciones y la propia vivencia de la Semana Santa; y la esperanza, como motor que impulsa a seguir adelante incluso en los momentos más difíciles, una esperanza que el pregonero vinculó directamente con la resurrección al afirmar que “tenemos que agarrarnos a la luz de la vida” y que “el milagro no está en el sepulcro vacío, sino en el corazón que vuelve a latir con ganas”. Tres pilares que supo entrelazar para trasladar un mensaje actual, cercano y profundamente humano.
El cierre del pregón llegó con una llamada a vivir intensamente la Semana Santa de 2026, “en mayúsculas” y desde la dimensión que cada uno elija, pero siempre con un trasfondo de reflexión, compromiso y esperanza. Tras sus últimas palabras, la multitud respondió con una larga ovación en pie, reconociendo un pregón que logró emocionar y conectar profundamente con los asistentes.
Al finalizar el acto, numerosos vecinos quisieron acercarse hasta el altar para felicitar personalmente al pregonero, formando una larga cola que prolongó el ambiente de una noche que puso de manifiesto la fuerza y el sentimiento con que Daimiel vive su Semana Santa.







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